19 de noviembre de 2022 |

Protusión Discal: Síntomas, Causas y Tratamiento.

La protusión discal es una de las lesiones más propensas de sufrir lesiones discales, en la cual, si no se diagnóstica temprano, puede terminar previniendo a una hernia lumbar. Por este motivo, en este artículo te contaremos sus síntomas, causas y su tratamiento.

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¿Qué es la Protrusión discal?

La protusión discal es una lesión de la columna vertebral que se genera en el disco intervertebral, eso se produce cuando las fibras comienzan a deformarse y abombarse a consecuencia de esas tensiones. Al debilitarse, el núcleo pulposo las deforma y las empuja, produciendo una deformación de la estructura del disco.

¿Cuáles son sus síntomas?

La Protrusión discal en principio produce solo algunas molestias, pero lo más normal es que no provoque dolor, porque los discos intervertebrales no tienen nervios, pero sí puede ser doloroso cuando entran en contacto con algún nervio.

Normalmente las molestias provocadas por la protrusión discal se presentan en la zona cervical y en la zona lumbar, y suelen ir acompañadas de contracturas musculares.

Las molestias más habituales son:

  • Dolor en la parte baja de la espalda
  • Dolor en la zona baja de la espalda que llega hasta el glúteo y la pierna.
  • Movimientos limitados y rigidez en la parte más baja de la espalda.
  • Contractura muscular refleja.
  • Pérdida o alteración de la sensibilidad en algunas partes de la pierna.
  • Parestesias en forma de hormigueo o entumecimiento en algunas partes de la pierna.
  • Parálisis, si bien este es un síntoma muy raro y que indica una hernia de disco.

Causas de la Protusión discal

Como ocurre con otros problemas en la espalda, la edad, la obesidad, la falta de actividad física, la realización de deportes intensos o trabajos de alta exigencia física en los que se produzca repetidamente estrés en la columna (levantar y cargar peso, trabajos sedentarios…) son factores de riesgo para la aparición de la protrusión discal.

Además, los trastornos del desarrollo como la enfermedad de Scheuermann o la escoliosis (que provoca una mala curvatura en la columna) pueden producir una elevada presión en los discos intervertebrales, provocando la protrusión discal.

Junto a éstas, existen otras enfermedades raras que también inciden en la aparición de esta lesión. Entre ellas una inflamación relacionada con enfermedades autoinmunes como la poliartritis, o la infestación de bacterias (como la tuberculosis), parásitos u hongos.

A continuación te dejamos un video sobre la enfermedad degenerativa de disco lumbar

¿Cómo prevenir ésta patología?

La medida más efectiva para evitar la aparición de esta lesión, es realizar actividad física de manera regular como correr, caminar, nadar o actividades enfocadas en la salud de la espalda cómo Pilates, Yoga o gimnasia postural.

Además, otras medidas útiles son: evitar las actividades sedentarias de la vida cotidiana, integrar pausas activas si tiene que cumplir con largas jornadas de trabajo, realizar acondicionamiento previo al entrenamiento junto con estiramientos lumbares al finalizar el entrenamiento y mantener una buena postura de la espalda no sólo al estar sentado, sino también al realizar levantamiento de objetos pesados.

Tratamiento

Existen dos tipos de tratamiento para la cura de la protrusión discal: el tratamiento fisioterapéutico y el tratamiento médico.

Tratamiento fisioterapéutico

Cuando desaparecen aquellos factores que ejercen presión y provocan desgaste en los discos intervertebrales, estos se pueden regenerar en cierta medida, e incluso puede aumentar de nuevo el contenido líquido del núcleo que se había perdido, y el disco intervertebral recupera la elasticidad.

Para conseguir todo esto es necesario aplicar algunos métodos fisioterapéuticos, sobre todo aquellos en los que se realiza movimiento activo, ya que de este modo mejora la difusión y por lo tanto se nutre el tejido discal.

Los efectos que produce el tratamiento fisioterapéutico:

  • Fortalecer los músculos de soporte y compensar los desequilibrios.
  • Disminuir la presión sobre los discos intervertebrales.
  • Restablecer las funciones alteradas.

Para conseguir todos estos efectos se realizan varias técnicas, que se eligen según las características de cada paciente. Las más utilizadas son las siguientes:

  • Manipulación vertebral.
  • Entrenamiento postural.
  • Educación para el dolor.
  • Técnica de ventosas (cupping).
  • Eletroanalgesia (TENS).
  • Técnicas de tracción mecánica o manual.
  • Técnicas de Neurodinamia.
  • Técnicas manuales de acupresión y relajación miofascial.
  • Ejercicios de estabilización del CORE.
  • Gestión del estrés y ejercicios de relajación.
  • Ejercicios de estiramiento.
  • Ejercicios de fortalecimiento.

Tratamiento médico

Aunque existe la posibilidad de realizar un tratamiento médico quirúrgico (microdiscectomía), en la mayor parte de los casos es suficiente un tratamiento conservador formado que incluya fármacos y ortesis (corsé).

Los médicos suelen indicar el tratamiento con antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), relajantes musculares, analgésicos y en último lugar inyecciones epidurales de esteroides que tienen un efecto analgésico y antiinflamatorio en la zona afectada.

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